miércoles, 16 de diciembre de 2009

Cuento Local

Saliendo por los metales, me encontré con el maikel: ese hueon po', el bailarín que era negro.
En plena esquina veía él un engorroso aviso de casas en venta. Al verme se sacó sus lentes de brillantes y me dijo que buscaba un lugar donde vivir. Yo le indique que el barrio es lindo, pero no será de su gusto.
-¿Por qué?, dijo.
-Es que no quedan niños, dije. (salvo los que te asaltan, pero ese es otro cuento).
-No quedan niños- repetí. Están crecidos todos. Aquellos que antes abarrotábamos el “gotita de gente”, “el sol y luna” o “el lobito feroz”; hoy abarrotamos “la marchela”, “las tres s” o “el aliro”.
Luego de un largo silencio. Me miró con desilusión. tomó sus maletas. hizo parar un taxi y subió caminando hacia atrás.

5 comentarios:

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  2. les dejo un cuentito que escribí el otro día, para que disfrutemos lo nuestro. saludos.

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  3. ta lindo loco. además, me gustan esos cuentos donde el remate está en la última palabra a modo de chiste, eso funciona bien me hizo reir.
    está cuática tu reflexión, es verdad, los mismos cabros chicos que llenaban los jardines ahora llenan las botis.

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  4. se han fijado en la similitud entre la palabra botica y botillería. las dos son botis

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  5. Este es el que más me gusta...lo veo cuando me bajo de la 509, allá por Simón Bolivar.

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